COMPARTIENDO HISTORIAS DE VIDA DE GRANDEZA HUMANA

Martha Llanos Zuloaga

Conocí a Natalia en mi viaje de agradecimiento en julio de este año, fue mi primer viaje luego de la pandemia y elegí Cuzco dado que fue allí donde durante 10 años, entre la década de los 70 y 80 tuve extraordinarias y significativas experiencias con los niños y niñas, familias y maestras andinas. La intención era recorrer los caminos de muchas décadas atrás y al mismo tiempo descubrir nuevas experiencias.

Es así que estando en el Valle Sagrado recibí la información que había una persona que al igual que yo promovía el aprendizaje en total contacto con la naturaleza. Al conversar y compartir con ella, me hizo sentirla con esa frescura y entusiasmo de quienes fácilmente inspiran, por lo que accedí a su invitación de visitar su programa en la comunidad de Huara.

Quedé maravillada ya que salimos junto con los niños a explorar la naturaleza, vi sus expresiones y escuché sus comentarios. Así como algo que me deslumbro: Yo estaba un tanto cansada y de pronto un niño vino detrás de mí y me empezó en silencio a dar masajitos en la espalda y luego se le unieron dos niñas, lo que resultó extraordinario: pura sabiduría y sensibilidad.

Aquí les compartiré extractos de lo que Natalia actualmente de 39 años nos ha comentado:

NATALIA Tuvo una niñez en donde sus recuerdos como escolar son impregnados de esas sensaciones agradables producidas por el descubrimiento de olores, texturas y sonidos (como lo es la naturaleza). Su colegio Los Reyes Rojos, un ícono en la educación peruana y con Constantino Carvalho, como su sabio fundador y director recordado en los canales de la educación innovadora en Perú, siempre promovió anticipándose a lo que estamos abogando ahora: escuchar las voces de los niños.

Natalia comparte “Una de las vivencias más maravillosas de mi infancia han sido los viajes, viajes en carro, sobre todo los recorridos por el Perú. A mis padres les gustaba mucho enriquecer nuestras vivencias, podíamos apreciar la naturaleza y convivir con ella, recoger plantas, mojarnos la cara en los riachuelos o pequeñas cataratas, comer en picnics improvisados, olíamos, sentíamos, abrazábamos en cada recorrido. En mi escuela sucedía lo mismo. Esa infancia la recuerdo como un tesoro porque hoy en día la relaciono con la felicidad plena.”

Ahora como mama vincula estos recuerdos, y comenta que antes de serlo leía mucho preparándose para el acompañamiento de su primera hija, nacida hace 8 años: “Sentíamos la necesidad de darle otro entorno, otros vínculos diferentes al cemento, tráfico, caos y ritmos de la gran ciudad. En 2017 nace mi segundo hijo Hugo; en el 2018 viajamos a vivir al sur de UK por un año, a una ciudad rodeada por la New Forest, una reserva natural bellísima donde los caballos salvajes son los principales protagonistas; y en ese año me comienzo a vincular con el movimiento Forest Kindergarten (forest schools).”

Las Bosque Escuela (Forest school) son una propuesta educativa que adopta el aire libre como ambiente de aprendizaje y el interés primario del niño como motor principal. Con un enfoque innovador en materia de educación reconocida a nivel nacional en países escandinavos desde hace 50 años y en el Reino Unido desde los años 90, hoy en día, esta metodología es reconocida a nivel mundial (Australia, Canadá, Dinamarca, Reino Unido, EEUU, Francia, Noruega, Escocia…) y poco a poco va creciendo por el mundo.

El espíritu de los Bosque Escuelas se basa en el respeto fundamental por los niños y los jóvenes y su capacidad para investigar, probar y despertar su curiosidad por el mundo que los rodea, de esta manera se basa más en el proceso de aprendizaje natural de los niños y en el contacto con la naturaleza.

En el 2019 tras volver a Perú, se establecen en Cuzco, “el poder de la naturaleza ganó”, así como la misión de priorizar la calidad de vida para sus hijos en conexión con la naturaleza.

En el 2020, en plena pandemia, “…comencé a acompañar a un muy pequeño grupo de niños y niñas junto con mis dos hijos, en experiencias de contacto directo, positivo y a largo plazo con la naturaleza.

Actualmente Búho de barro trabaja en un programa anual en el Valle Sagrado de los incas en Cusco con niños y niñas de 2.5 a 5 años. Se encuentran rodeados de montañas (Apus), acequias, cascadas, cataratas, arboles, plantas y flores, de tierra y de nubes, muchas rocas y fauna local. “Hace poco, vimos una zarigüeya andina, un venado en el monte y un zorro andino que se atrevió a venir a nuestra guarida.” “Cada vivencia moviliza de sobre manera el espíritu de los niños y niñas que se nutren y experimentan; y pasan por procesos sensoriales inspiradores.  Soy gestora del proyecto, estoy en formación para certificarme como Terapeuta y guía por la FTHub, para seguir ampliando los programas de Búho de barro a maestros, acompañantes, padres y madres de familia, que quieran acercarse a una conexión más profunda con la Naturaleza.”

Finalmente, agrega “Mi gran inspiración, son Zoé (8 años) y Hugo (5 años), ¡¡maravillas de la Naturaleza!! …que día a día me llenan de reflexiones profundas, me sumergen en baños de risas, me iluminan con su sabiduría pura y verdadera.”

Fue una experiencia muy inspiradora y esperemos que continúe expandiéndose a mayores poblaciones.

Perú, setiembre de 2022.

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